Confieso... confieso que nunca me ha gustado el vino, pero considerando lo que se ve en los noticiarios de TV y demás bazofia televisiva y teniendo en cuenta que tengo otras virtudes, tampoco es como para dejarme de hablar.
Me encantaría poder disfrutar de un buen vino, a mi marido le encanta un vaso de vez en cuando y si consideramos que vivimos en un país donde se cultivan excelentes uvas, lo más lógico sería que yo también pudiera apreciarlo pero no, definitivamente no me gusta. Lo he intentado, me han dado a probar excelentes vinos, blancos, tintos, de muchas zonas de España... pero va a ser que no.
Eso no quita para que habitualmente utilice vinos y licores para cocinar: Jerez, Brandy y Ron, Bourbon, Vermouth ... y aprecio mucho el aroma que le da a mis platos.
Este postre es típico y tópico, por supuesto con vino tinto, pero dada mi falta de paladar para ese líquido he decidido hacer mi propia versión.
Por supuesto no hace falta que no te guste el vino para hacerla, está deliciosa "per se", y desde luego también es más indicada si se tienen niños a la mesa.
Ingredientes:
1 pera por comensal (la variedad Conferencia funciona estupendamente)
1 litro de zumo de arándanos rojos o azules (suficiente para cubrir totalmente las peras)
Zumo de 1 limón
La piel de 1 naranja bien lavada
1 vaina entera de vainilla abierta por la mitad
1 palo grande de canela
1 clavo de olor
1 flor de anís estrellado (opcional)
1 cm. de gengibre fresco ó 1/2 cucharadita de gengibre seco molido
Edulcorante al gusto (sirope de ágave o azúcar)
Pelar las peras conservando los rabitos. Cortar una rodaja fina de la base de manera que las peras se mantengan de pié. Sumergirlas en agua fría y reservar.
En una cacerola suficientemente grande para que quepan todas las peras de pié, combinar los zumos de arándanos y limón con el resto de los ingredientes.
Sumergir las peras en el líquido caliente y pocharlas a fuego muy suave durante unos 25 minutos o hasta que estén tiernas pero enteras. Comprobar el punto pinchándolas con un palillo que deberá entrar hasta el centro de las peras suavemente, sin presionar demasiado.
Retirar el recipiente del fuego y dejar enfriar totalmente las peras en el líquido de pocharlas.
Transferir las peras junto con su líquido a un recipiente grande y dejarlas reposar unas cuantas horas en el frigorífico (aguantan hasta 3 días).
Antes de servir, hacer una reducción con un tercio del líquido de pochar las peras, hirviéndolo suavemente hasta que reduzca y tenga la consistencia de un sirope claro. Servir con este sirope y un poco de nata líquida.
Esta receta va especialmente dirigida a Nieves de Dulce y Salado, gran cocinera y un cielo de persona. Después del soponcio de colesterol que le dí con la entrada de los Huevos Fritos con Chistorra, no podía ser menos, me sentía como un poco culpable, jejeje... a tu salud Nieves.
Y siguiendo con mi repaso a la cocina Mediterránea, tengo el placer de presentaros unas "Koftas" o albóndigas de calabacín y garbanzos sanísimas, totalmente vegetarianas y deliciosas. En la Wikipedia he encontrado datos muy interesantes sobre estas albóndigas:
Las Koftas tradicionales, casi siempre de carne picada, están mezcladas normalmente con otros ingredientes como el arroz, bulgur, vegetales o huevos hasta formar una pasta suave. Algunas veces se hacen con pescado fresco o vegetales en lugar de carne, especialmente en la India. Se pueden cocinar en el gril, fritas, hervidas al vapor, pochadas en caldo, horneadas y marinadas, acompañadas con una salsa especiada.
Hay variedades de este plato en toda la costa del Mediterráneo, Norte de Africa, Europa Central, Asia e India. Según un estudio efectuado en el año 2005 por una compañía privada de alimentación, existían ¡ 291 ! clases diferentes de Koftas en Turquía, donde son muy populares.
En los países árabes estas albóndigas también se hacen en forma de cilindros. Las recetas más tradicionales (reflejadas en los más antiguos libros de cocina árabe conocidos) describen las bolas de carne de cordero picada y sazonada del tamaño de una naranja, pinceladas con yema de huevo y algunas veces con azafrán. Este método fue traído posteriormente hacia los países occidentales y descrito como "dorar" la comida. Existen infinitas variedades regionales en cuanto al tamaño de las bolas, la más notable es la Iraní "Kufteh Tabrizi" con un diámetro de 20 cm. aprox. (mirad la imágen de abajo conseguida en Wikimedia y comparad las Koftas con el tamaño del cuchillo que tienen al lado... pedazo de albóndigas).
Las Koftas Asiáticas se cocinan habitualmente en una salsa de curry muy especiada junto con huevos cocidos enteros. Algunas veces estos huevos están metidos dentro de la bola de carne del Kofta, de tal manera que resultan casi idénticos a un plato Hindú muy popular, los Nargisi Kofta, habituales en las cocinas familiares del Sur Asiático y en los restaurantes. En la región de Bengala, en el Este de India, los Koftas están hechos con gambas, pescado, plátano verde y repollo. En el Norte de la India y Pakistán la palabra Kofta designa, por sí misma, a la carne picada de cordero.
Mi receta está basada en una original encontrada en Epicurious.com cuando andaba a la búsqueda y captura de algo un poco diferente para emplear una burrada de calabacines que compré hace un par de días (estaban muy bien de precio). Como siempre, no he podido resistirme a hacerle un pequeño "lifting" a la receta, pero después de lo de Letizia, esto no tiene ninguna importancia y, como en su caso, creo que está francamente mejorada... **
Ingredientes: 3 calabacines medianos
2 dientes de ajo picados
1/2 manojo de perejil muy picado
1/2 frasco de garbanzos cocidos, escurridos y bien enjuagados
3/4 cucharadita de comino molido
1/4 cucharadita de cúrcuma molida
1/2 cucharadita de especias variadas (clavo, cayena, nuez moscada...)
Zumo de 1 limón
1/2 taza de pan rallado
Aceite de oliva suave para freír
Cous-cous de remolacha: 1/2 cebolla mediana, picada
2 dientes de ajo picados
4 cucharadas de aceite de oliva
1 taza de cous-cous, normal o integral (mi opción)
1 frasco de remolacha cocida, escurrida
2 tazas (misma medida que de cous-cous) de agua o caldo vegetal
Almendra tostada fileteada para adornar (opcional)
Yogurt griego para acompañar
Rallar el calabacín sin pelar, mezclar con 1 cucharadita de sal fina y colocar en un colador. Dejar escurrir 10 minutos.
Triturar juntos ajo y perejil hasta que estén finamente picados.
Envolver el calabacín en un paño limpio de cocina y retorcerlo, apretando bien y escurriendo el líquido todo lo posible.
Aplastar los garbanzos con un tenedor o procesador de cocina, colocarlos en un cuenco grande y combinarlos con los calabacines escurridos, especias, la mezcla de ajo y perejil, el zumo de limón, el pan rallado y 1/4 de cucharadita de sal y pimienta. Añadir unas cucharadas de caldo o agua si la consistencia de la masa lo requiere. Hacer bolas del tamaño deseado y dejar reposar en el frigorífico mientras preparamos el cous-cous.
Saltear la cebolla y el ajo en una sartén con el aceite hasta que empiece a dorarse, 5-7 minutos. Añadir entonces el cous-cous seco, 1/2 cucharadita de sal y un poco de pimienta y dejar que se dore un poco, 4 minutos, removiendo continuamente. Agregar ahora las remolachas escurridas cortadas en trocitos y el agua o caldo. Llevar a ebullición, bajar el fuego al mínimo y tapar. Dejar cocinar 15-20 minutos hasta que se haya absorbido todo el caldo. Retirar del fuego y remover ligeramente el cous-cous con un tenedor para airearlo. Repartir por encima las almendras tostadas fileteadas. Mantener caliente.
En el último momento, freir las Koftas en el aceite a fuego moderado hasta que estén doraditas, 2 - 3 minutos. Escurrir sobre papel absorbente. Podréis comprobar que no absorben nada de aceite y quedan ligeras y muy agradables.
Montar el plato con las Koftas y el cous-cous al lado, acompañándolo con un pequeño cuenco con yogurt espolvoreado con un poco de perejil o cilantro y unos trocitos de lima o limón.
Friendo las Koftas en el último momento os aseguráis de que su textura será la correcta: ligeramente crujientes al morderlas, gracias a que el calabacín rallado se hace justo "al dente". Si las hacéis con antelación, el calabacín continuará haciéndose con el calor residual y quedará blando.
Estoy comprando ultimamente unas peras increíbles, grandes y bien maduras, ideales para confeccionar tartas. Son peras verdes, de la variedad Conferencia, pero cualquier pera de carne jugosa servirá igual para esta tarta. Se pueden usar peras de carne más firme, pero lo ideal es que sean blandas para que, al cocer la tarta, los trozos se deshagan y se mezclen con el resto de la fruta.
Ingredientes: 1 plancha de pasta brisa 4-6 peras bien maduras Zumo y ralladura de 1 limón 2 tazas de frutos rojos variados: arándanos, fresas, cerezas, frambuesas...** 100 grs, de mermelada de frutos rojos o de fresa 1 cucharadita de canela molida 1 taza de copos de avena, ligeramente molidos 100 grs. de azúcar moreno
Forrar un molde de tarta con la pasta brisa, pinchar el fondo, cubrir con papel de aluminio y cocer en horno precalentado a 180ºC durante 10 minutos.
Poner sobre la base precocida las peras lavadas, descorazonadas y cortadas en rodajas gruesas. Regar las peras con el zumo del limón y agregar encima los frutos rojos y la mermelada.
En un bol aparte mezclar canela, avena, ralladura de limón y azúcar moreno. Verter esta mezcla sobre la fruta. Adornar la tarta con restos de la masa y llevar al horno precalentado a 180ºC, cociendo la tarta hasta que la superficie esté dorada y el relleno de fruta burbujeante.
** Normalmente suelo comprar bolsas de 1 Kg. de fruta congelada de diferentes variedades: frambuesas, ciruelas claudias, fresas, arándanos azules, grosellas, moras... y dispongo así todo el año de ella para cualquier tipo de preparación. También se pueden comprar estas bolsas con fruta variada mezclada, pero me gusta hacer mis propias mezclas en la proporción que considero más apropiada, dependiendo de la receta.
No está todo inventado en la cocina y hablando de ensaladas afortunadamente cada vez le vamos perdiendo más el miedo a las mezclas, de la clásica ensalada de tomate y lechuga, deliciosa en su sencillez, pasando por la ensalada de escarola a las más modernas ensaladas en las que las mezclas de verduras y frutas cada vez tienen más aceptación.
Esta es la primera vez que utilizo el mango para hacer una ensalada con verduras y estoy muy contenta con el resultado. Mis primeras experiencias con las frutas en las ensaladas fueron en las ensaladas de pasta, manzana y salsa rosa, bastante atrevido en su momento y que poco a poco fueron enriqueciéndose con gambas cocidas, unos trozos de naranja, pera madura... hasta convertirse, al menos en mi casa, en plato único.
Os recomiendo de verdad que probéis el mango, bien maduro, en vuestras ensaladas: un toque dulce, fresco y delicioso que resulta muy agradable.
Ingredientes: 2 mangos bien maduros, pelados y cortados en trozos no demasiado pequeños 2 tomates rojos maduros Ensalada verde variada al gusto Zumo y ralladura de 1 naranja 2 cucharadas de vinagre balsámico Sal y pimienta Semillas de sésamo o de amapola para adornar
Colocar la ensalada verde en el fondo y poner encima con cuidado los tomates cortados en trozos y el mango. En el momento antes de servir, poner en un pequeño cuenco los ingredientes de la vinagreta, batiendo bien para mezclar. Volcar sobre la ensalada y servir inmediatamente, adornando con las semillas.
Tengo que admitir que desde el punto de vista estético, ninguna verdura me parece tan bonita como esta a excepción del brécol, de hecho creo que en realidad es la cabezuela floral de la planta, siendo las hojas verdes que hay alrededor la verdura propiamente dicha.
Tiene un bajísimo valor calórico y es una excelente fuente de fibra, vitaminas y minerales. Aporta folatos (básicos para reforzar el sistema inmunológico), vitamina C (un potente antioxidante), riboflavina (muy importante para la producción de glóbulos rojos), potasio (necesario para la actividad muscular) y magnesio (que juega un papel determinante en el mantenimiento de huesos y dientes).
Cuando se compren, debemos comprobar que la parte floral (las cabezuelas blancas) esté limpia, firme y compacta. Las hojas deben estar verdes y tiernas.
Hace tiempo que quería hacer esta receta, me resultaba especialmente interesante el hecho de cocinar la coliflor, una de mis verduras favoritas, en una forma tan poco habitual, al menos para mí, como es una tortilla.Soy una forofa total de las tortillas, saladas, dulces, grandes o pequeñas, con jamón o pescado, de patatas: para mí la "Pata Negra" de las tortillas, con o sin cebolla, paisana, en fin... para que vamos a seguir, son innumerables y un alimento que, con unos pocos ingredientes, se convierte en un plato completo y que gusta a casi todos.
Normalmente como huevos 2 veces a la semana, no tengo problemas de colesterol, y de buena gana desayunaría huevos revueltos (me encantan) una mañana sí y otra también, pero trato de variar los desayunos.
Esta semana ya tocaba tomar huevos y al acordarme de esta receta compré una coliflor mediana para prepararla. Tengo que confesar que he seguido (casi) al pié de la letra la receta original, solo he tenido que ponerle un poco más de aceite de oliva y he incrementado también un poco la cantidad de ajo que pedía. El resultado es una tortilla de sabor suave y "crujiente" por la coliflor, en definitiva una agradable variación de las clásicas.
Ingredientes: (para 2 raciones abundantes o 4 pequeñas): 4 huevos 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra 1/2 coliflor cortada en trocitos muy pequeños 2 dientes de ajo picados 100 grs de queso Feta Perejil fresco picado
Batir los huevos con un poco de sal y reservar.
En una sartén antiadherente mediana calentar el aceite. Agregar la coliflor cortada y saltear a fuego medio-vivo, removiendo continuamente durante 5-8 minutos hasta que se dore y esté "al dente". Al no estar cocida la coliflor, ésta debe quedar ligeramente "crujiente" al morderla. Reducir un poco el fuego y agregar el ajo picado. Saltear 1 minuto más. Salpimentar.
Verter los huevos batidos sobre la coliflor. Cocinar a fuego suave, removiendo con una espátula para que la tortilla empiece a cuajarse por todos lados. Dar la vuelta a la tortilla y cocinar por el otro lado 2-3 minutos más hasta que esté bien dorada.
Llevar a un plato de servir y espolvorear por encima el queso Feta desmenuzado y el perejil fresco picado.
UNA SUGERENCIA: Con el resto de la coliflor podéis hacer unos "filetes" de coliflor a la plancha: Se doran en una sartén con un hilo de aceite de oliva a fuego fuerte, se llevan al horno mediano unos 15´y salpimentáis. Son un acompañamiento excelente de un plato sencillo de carne o pescado. Resultan deliciosos con un poco de mostaza por encima. Y además quedan tan bonitos...
Encontré la idea para la confección de esta tarta cuando ví en la página de Chocolate & Zucchini su maravillosa "Tarte aux Quetsches et Crème de Noix" (Plum Tart with Walnut Cream). Me encantan las ciruelas y la única pega que tenía esta delicia eran las nueces. Ultimamente he desarrollado una leve alergia a estos frutos secos, una pena porque me encantan...
Anteriormente había visto en un libro de cocina una receta que me llamó la atención porque, aunque adoro las tartas con crema, nunca antes había probado la famosa "Frangipane", una crema cuya base es la almendra molida. En el diccionario culinario de la prestigiosa página Epicurious se la define como una "rica crema pastelera, aromatizada con almendra molida y utilizada como relleno o glaseado en tartas y pasteles. También se la denomina frangipani."
Como aún tengo en la despensa bastante almendra molida que sobró de mi provisión para los dulces de Navidad, resolví que bien podía emplear la crema frangipane para hacer la tarta de ciruelas. Solo una pega: la tradicional crema frangipane lleva más azúcar, harina y mantequilla de la que yo estoy dispuesta a poner en una tarta, de manera que mi crema frangipane es en realidad una adaptación mucho más light de la versión habitual, pero no por eso menos apetitosa.
Esta versión ligera de la crema frangipane sustituye la mantequilla por yogurt natural desnatado, no utilizo harina para espesarla y reduce al mínimo la cantidad de azúcar empleada en la crema, lo que me permitió añadir un par de cucharadas de azúcar moreno sobre las ciruelas para compensar su acidez. Soltado todo este rollo, paso a detallaros la receta:
Ingredientes: 1 plancha de pasta Brisa (la de la marca Nestlé es excelente) 700 grs. de ciruelas rojas maduras 2 cucharadas de azúcar moreno Zumo de 1 limón
Crema: 135 grs. de almendra cruda molida 2 cucharadas de azúcar ó 1 de fructosa 1 huevo 1 yogurt natural desnatado 1 cucharadita de extracto de vainilla (no azúcar vainillado)
Precalentar el horno a 180ºC, colocar la pasta brisa en un molde de tarta y pinchar el fondo varias veces con un tenedor. Llevar al horno y dejar unos 10 minutos. Sacar y reservar.
Confeccionar la crema frangipane mezclando bien todos los ingredientes en un bol.Poner la crema sobre la base parcialmente horneada y repartirla bien. Colocar cuidadosamente sobre la crema las ciruelas deshuesadas y partidas por la mitad y terminar espolvoreando el azúcar moreno y el zumo de limón sobre las ciruelas.Llevar al horno y dejar unos 30 minutos hasta que la crema esté cuajada y las ciruelas estén doradas y burbujeantes.Dejar enfriar sobre una rejilla. Desmoldar y guardar en el frigorífico. Llevar la tarta a temperatura ambiente antes de consumirla.
Cuando me he ido a ponerle las etiquetas a esta entrada me he dado cuenta de lo completo que ha quedado. Al principio solo iba a mezclar unas cuantas verduras frescas y congeladas y me fuí liando yo sola. Siempre he apreciado la improvisación en la cocina, las ideas algunas veces vienen sin mucho esfuerzo y te salen cosas muy ricas sin apenas proponértelo.
Al final me he encontrado con un plato que lleva una barbaridad de fibra por las verduras y las legumbres, buenas proteínas también por las legumbres, hidratos de carbono complejos (los más adecuados para nuestra salud) en forma de pasta integral y solo un poco de grasa de la mejor clase que se pueda encontrar, es decir, nuestro oro líquido: Aceite de Oliva Extra Virgen Español.
Yo he de romper aquí una lanza a favor de nuestro precioso aceite, que no tiene nada que envidiar a ningun otro, italiano, griego, o de donde sea, y al que nosotras mismas, a través de nuestros blogs de cocina, deberíamos dar más importancia y publicidad. Hay que dejar bien claro para los que visiten nuestras páginas desde fuera de nuestro país que cocinamos con Aceite de Oliva Español, producto de excelentísima calidad y una verdadera bendición para nuestras arterias y salud en general, siempre que se tome en las cantidades adecuadas.
Creo que uno de los desayunos o meriendas españoles más sanos para nuestros niños es el pan con un chorrito de aceite y un poco (muy poco) de azúcar o miel encima. No se cuantas de vosotras conoce niños que todavía coman eso de vez en cuando, pero me parece que muy pocas, una pena...
Bueno, después de la publicidad sin ánimo de lucro a favor de nuestro aceite, paso a detallaros la mezcla salerosa que hice para que me saliera este plato tan rico.
Ingredientes: 4 cucharadas de Aceite de Oliva Español Virgen Extra 1/2 cebolla picada 2 puerros picados 1/2 Kg menestra congelada 3 calabacines partidos a trocitos 1 bote de 1/2 Kg de tomate troceado 1 bote de 300 grs de alubias rojas 1 pastilla de caldo de verduras (puede omitirse) 2 cucharadas soperas de curry en polvo (yo utilicé un curry muy suave) 200 grs. de pasta integral (espirales, macarrones, conchas...) 2-3 vasos de agua
Calentar en una cazuela el aceite y pochar en él la cebolla y los puerros. Añadir entonces la menestra y los calabacines, remover y ponerle el tomate, alubias, caldo y curry. Cocinar 10 minutos. Agregar entonces la pasta y el agua. Mezclar otra vez muy bien y rectificar de sal y pimienta. Dejar cocer a fuego muy suave hasta que la pasta esté en su punto. Se puede añadir un poco más de agua si os gusta más en plan caldoso. Servir muy caliente.
Si queréis el plato un poco más completo en cuanto a proteínas, podéis añadirle como yo hice un poco de queso recien rallado por encima. Yo adoro el queso y si es curado, mejor. Cualquiera de nuestros excelentes quesos curados tipo manchego le vendrá estupendamente (veganos omitir, claro).
No voy a descubrir nada nuevo en el tema de las ensaladas de fruta, cualquier mezcla que se use estará deliciosa, pero esta vez decidí ponerle un toque "pecaminoso" a esta y le añadí un buen chorrito de Frangelico (licor de avellanas) mientras maceraba:
Ingredientes: Fruta al gusto (yo usé frambuesas, cerezas, higos y mandarinas en su jugo y kiwi fresco) 1 vaso de zumo de naranja 2 cucharaditas de azúcar moreno 1/2 copa de Frangelico 1 brik de 250 cc de nata para montar 2 cucharadas de azúcar 1 cucharadita de ralladura de limón 2 cucharaditas de avellanas tostadas y picadas para decorar
Poner la fruta pelada y cortada en trocitos a macerar con el zumo, azúcar moreno y el licor. Dejar macerar al menos 1 hora, removiendo de vez en cuando.
Mientras tanto, montar la nata junto con el azúcar y la ralladura de limón.
Servir en copas individuales colocando la fruta en el fondo con el jugo de macerar y la nata por encima adornada con las avellanas picadas. Terminar con un chorrito de Frangelico.
Después de echar un vistazo a las entradas de los demás participantes en el HEMC #18 de las legumbres, está claro que a nivel de guisos tradicionales españoles con legumbres no hay nada que haya quedado sin publicar, recetas maravillosas de toda la vida, de muchas regiones diferentes, cada una con su encanto y manera de prepararlas, joyas que hay que conservar puesto que forman la base de la cocina casera de nuestro país.
He puesto la receta de un potaje espeso, que se convierte en sopa si lo aligeráis con más caldo al final de la cocción y que calienta la barriguita cuando hace frío y con un ingrediente, además de las lentejas, que no suele encontrarse mucho en nuestras preparaciones. Este ingrediente es la cebada perlada y le da al plato una consistencia especial.
Ingredientes: 1-2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra 1 cebolla grande o 2 pequeñas picadas 3-4 zanahorias peladas y troceadas 3 dientes de ajo picados 2 hojas de laurel 1 cucharada de comino molido 10 tazas (o más) de caldo vegetal 200 grs. de cebada, normal (se cocina antes) o perlada 4 tomates pelados y troceados, no triturados (pueden ser de lata) 250 grs. de lentejas (las pardinas no necesitan remojo) ½ manojo de acelgas troceadas Tomillo fresco o seco al gusto
Calentar el aceite en una cacerola a fuego medio.
Añadir las cebollas y las zanahorias picadas y saltear hasta que las cebollas estén doradas, unos 10 minutos.
Agregar el ajo picado y saltear 1 minuto. Poner el laurel, el comino, el caldo y la cebada y llevar a ebullición. Reducir el fuego al mínimo, tapar parcialmente la cacerola y dejar hervir lentamente unos 20 minutos.
Agregar entonces los tomates troceados (con su jugo), las lentejas y si es necesario más caldo. Cubrir y dejar hervir lentamente otra vez hasta que la cebada y las lentejas estén tiernas (unos 30 minutos más, dependiendo del tipo de lentejas usado).
Añadir el cardo o las pencas, tapar y dejar cocer hasta que las acelgas estén tiernas (5 minutos aprox.) Cuando estén hechas ponerle el tomillo y sazonar con sal y pimienta al gusto. Se puede aligerar con un poco más de caldo. Servir bien caliente.
Las acelgas pueden sustituirse, según gustos, por espinacas.
Las lentejas pueden sustituirse por cualquier otro tipo de legumbre, yo recomendaría cualquier alubia de tamaño pequeño como carillas o pequeñas judías pintas o negras.
Postre sin grasa, ideal para aprovechar de una manera un poco diferente las manzanas tipo Reineta o cualquier otra variedad apta para cocinar.
He puesto dos opciones a la hora de añadir la gelatina a las mezclas, la tradicional gelatina (animal) con o sin sabor que ya viene comercialmente preparada para mezclar con agua y la opción vegana, utilizando gelatina de algas agar-agar.
Para endulzar el postre yo utilicé Stevia, un sustituto natural del azúcar procedente de una planta de origen sudamericano, la Stevia Rebaudiana, que no es muy conocido a nivel popular. Se utiliza muchísimo en algunos países de Europa y Japón en sustitución de edulcorantes químicos, siendo una alternativa natural a la sacarina. En cualquier caso, la receta la detallo con azúcar. El uso de edulcorantes será opción de cada uno a la hora de hacer la gelatina.
Gelatina de manzanas: 6 manzanas Reineta ¼ litro de agua 3 cucharadas de azúcar ½ cucharadita canela molida 1 cucharada de agar-agar o 1 paquete de gelatina sin sabor
Gelatina de limón: (puede sustituirse por 1 paquete de gelatina comercial sabor limón) 1 cucharada de agar-agar o 1 paquete de gelatina sin sabor ½ litro de agua 1 cucharada de azúcar (utilizar más si se desea más dulce) Zumo y ralladura de 2 limones
Gelatina de arándanos: 1 taza de arándanos frescos o en conserva (en este caso, reservando el líquido) ½ litro de agua o líquido de los arándanos en conserva 1 cucharada de azúcar 1 cucharada de agar-agar o 1 paquete de gelatina sin sabor
Pelar, descorazonar y cortar las manzanas. Colocar en un cazo junto con el agua, azúcar y canela. Cocer las manzanas a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que estén casi deshechas. Aplastarlas con un tenedor (quedarán algunos trocitos de manzana sin triturar). Añadirle la gelatina y mezclar muy bien hasta que se disuelva. Apartar del fuego y reservar templada.
Preparar la gelatina de limón con los ingredientes detallados o utilizar un paquete de gelatina comercial sabor limón. Dejar templar y reservar.
En un cazo poner los arándanos con ½ litro de agua o con su líquido de conserva, completando el ½ litro con agua si es necesario. Agregar el azúcar y llevar a ebullición. Agregar el agar-agar o la gelatina sin sabor y disolver muy bien removiendo un par de minutos. Dejar templar.
Engrasar MUY LIGERAMENTE unos moldes pequeños o uno grande de aro desmontable con aceite neutro (girasol o de cualquier otra semilla).Colocar en el fondo unas galletas ligeramente mojadas con zumo o licor de manzana rebajado con agua. Agregar una capa de la gelatina de manzanas, llevar al frigorífico y dejar enfriar unos 10 minutos.
Sacar el molde y poner una capa de la gelatina de limón templada reservada, volver a llevar al frigorífico y dejar enfriar otros 10 minutos.
Finalmente poner la capa de gelatina de arándanos templada, llenando los moldes hasta el borde y dejar endurecer completamente en el frigorífico durante unas 2 horas como mínimo.
Despegar suavemente la gelatina con un cuchillo del borde superior del molde, desmoldar y colocar sobre platos de servir.
Nunca antes había empleado tanta hortaliza de raíz para cocinar una receta, además si tenemos en cuenta que son casi el único componente vegetal del plato, aún resulta más raro porque como mucho había utilizado nabos como un ingrediente más en caldos o cocidos. Tengo que reconocer que no sabía con qué iba a encontrarme cuando lo probara, pero la experiencia ha sido muy, pero que muy agradable y estoy contenta porque ya tengo otro plato de verdura que seguro repetiré muchas veces. Si alguna no ha probado antes nada parecido, os animo a que le deis una oportunidad, es un plato muy agradable y sirve para comer vegetales que normalmente no se comen por sí solos, por lo menos no en mi familia. La receta es muy sencilla y aunque lleva varias hortalizas de raíz diferentes, las podéis encontrar en estos momentos en el mercado, yo las encontré todas en Mercadona, pero seguro que en otros supermercados también los hay.
Ingredientes: 1 Colinabo grande ó 2 medianos 4 chirivías (suelen ser pequeñas) 3 nabos blancos 3 zanahorias Caldo de verdura (o agua y cubitos) 2 puerros 4 cucharadas de aceite de oliva Salsa bechamel (podéis comprarla ya hecha, Parmalat la hace muy rica) 200 grs. de queso Cheddar (mi favorito), Emmental o Gruyere Parmesano rallado
Comenzar por pelar y cortar las verduras en trozos medianos-pequeños y, teniendo en cuenta que el colinabo tarda un poco más en cocerse, comenzar por éste. Ponerlo en el caldo frío y llevarlo a ebullición. Añadir a los 10 minutos de cocción las chirivías y los nabos blancos y dejarlos cocer hasta que estén casi hechos, tiernos pero enteros, otros 10 minutos aproximadamente. Escurrirlos muy bien y reservar.
En una sartén mediana calentar el aceite y sofreír los puerros cortados hasta que transparenten sin dejar que tomen color. Retirar la sartén del fuego y añadir la bechamel y el queso Cheddar cortado en trozos (no rallado), remover bien para que se mezclen las tres cosas.
Colocar la verdura cocida y muy bien escurrida en una bandeja para horno y añadirle la mezcla de bechamel, puerros y queso. Mezclar bien todo. Espolvorear con el queso Parmesano rallado y llevar a gratinar al horno hasta que se dore la superficie y la salsa esté burbujeante.
He aquí otra sopita calentita para calentar la barriguita:
Ingredientes: 1 calabaza pequeña (1 kg. aprox) 3 zanahorias 300 grs judías verdes 1/2 cebolla picada 3 dientes de ajo 1 puerro 1 taza de granos de trigo (yo utilizo de la marca Ebli) 1 taza de lentejas pardinas 1 taza de arroz integral o salvaje 2 litros de caldo de pollo o verduras 1/4 cucharadita de cúrcuma en polvo 1/4 cucharadita de comino en polvo 1/4 cucharadita de gengibre en polvo Sal y pimienta
Cortar la calabaza, pelar y limpiar de hebras. Trocear y reservar. Hacer lo mismo con las judías verdes y las zanahorias.
Cortar la cebolla y picar el ajo. Saltearlos en una cazuela grande con unas 4 cucharadas de aceite de oliva hasta que se transparente la cebolla. Agregar la verdura cortada en trozos y saltear también unos 5 minutos.
Añadir las lentejas, arroz y especias, agregar el caldo y dejar cocer hasta que estén tiernas, unos 20-30 minutos, vigilando la cantidad de líquido. Agregar entonces el trigo y rectificar de sal y pimienta. Cocer unos 10 minutos más hasta que el trigo esté hecho pero que no se deshaga y servir bien calentita.Esta es una cantidad pensada para congelar parte de la sopa. Yo aprovecho para guardar raciones para 1 ó 2 personas y luego en un momento se descongela en el microondas.
NOTA: Las especias se pueden omitir o cambiar según el gusto de cada uno, yo me sentía juguetona y le puse unas que habitualmente no utilizo en sopas, pero no quedó nada mal, y como dijo Einstein: "EL QUE NUNCA SE EQUIVOCA ES PORQUE NO HACE NADA NUEVO".
Seguimos con buenísimas berenjenas y además tengo la suerte de encontrar las que a mí más me gustan, las pequeñitas que tienen todavía la piel muy fina.
Esta receta es muy sencilla y sirve para aprovechar también esas cebollas estupendas, sobre todo las de color morado, que ahora están también que da gusto verlas.
Ingredientes: 5 berenjenas pequeñas 4 cebollas 3 dientes de ajo medio litro de caldo tomillo y romero (opcional) aceite de oliva Sal y pimienta Queso Feta o azul Queso Cheddar o Emmeltal rallado (opcional) Pan rallado Perejil
Lavar, secar y cortar las berenjenas en rodajas. Salar y dejar reposar media hora.
Secar las berenjenas y colocar sobre una bandeja de horno, repartir un poco de aceite de oliva sobre ellas y hornear durante media hora hasta que estén hechas. Salpimentar también.Pelar y cortar a rodajas las cebollas. Picar los ajos.
Calentar aceite de oliva (4 cucharadas) en una sartén a fuego medio y pochar ajos y cebollas. Cuando esta empiece a transparentarse salpimentar, agregar las hierbas y medio litro de caldo de pollo o verduras. Dejar cocer destapadas hasta que las cebollas estén muy blandas y el caldo se haya evaporado, quedando apenas una salsa espesa en el fondo.
Engrasar ligeramente una bandeja de horno y colocar una capa de berenjenas. Repartir la mitad de las cebollas por encima y agregar un poco de queso Feta desmenuzado. Agregar el resto de las berenjenas, las cebollas y terminar espolvoreando más queso y un poco de pan rallado mezclado con perejil. Agregar un chorrito de aceite de oliva y llevar al horno mediano unos 15 minutos para que se caliente el conjunto y se tueste la parte de arriba.
½ taza mantequilla sin sal ½ taza puré de manzana ½ taza azúcar moreno 1 huevo grande batido ligeramente ½ cucharadita de bicarbonato disuelta en 1 cucharada de agua templada 2/3 taza harina de espelta o trigo integral ½ cucharadita de sal ¼ cucharadita de clavo molido ¼ cucharadita de 4 especias (puede omitirse) ½ cucharadita de canela molida 1 cucharadita de vainilla líquida (extracto) 1 ½ tazas copos de avena 1 ½ tazas fruta seca picada (ciruelas, pasas, arándanos, manzana..) 2 cucharadas de gengibre cristalizado (opcional)
Preparación:
En un bol grande batir la mantequilla con el azúcar moreno y la salsa de manzana hasta que quede cremoso. Agregarle el huevo batido, la mezcla de bicarbonato y agua, la harina, la sal, las especias y la vainilla.
Añadir a lo anterior los copos de avena, la fruta picada y el gengibre (si se usa) y mezclar muy bien.
Poner cucharadas de la mezcla sobre bandejas de horno engrasadas y aplastarlas un poco con un tenedor mojado en agua fría.
Hornear las galletas en tandas (yo hice 2 bandejas) en horno precalentado a 180ºC durante 10-14 minutos o hasta que estén doradas. Retirar con cuidado con una espátula (estarán blanditas) y ponerlas sobre una rejilla para que se enfríen del todo.
Lo que tiene limpiar de vez en cuando los armarios de la cocina por dentro es que te sirve para dar un repaso a las fechas de caducidad de los frascos de conservas que tienes.
Hoy he encontrado uno al que le quedaban dos telediarios de vida y he considerado que le había llegado su hora. No suelo comprar verdura envasada (aparte del tomate triturado, del que siempre tengo un par de botes grandes), pero tenía de un arrebato en Alcampo un frasco de espinacas y otro de borrajas (nunca las he probado). Las mezcla de setas las tenía congeladas (de Bofrost) y han ido de cabeza junto con lo anterior.
He salteado con ajos las verduras, cada una por separado, y las he colocado por capas en una bandeja de hornear. A las espinacas les he añadido unas cuantas pasas y las he colocado en la capa superior.
Preparé un puré de patatas un poco más espeso de lo habitual y lo he aderezado con sal, pimienta y queso Emmental rallado (sin queso para los veganos).
Lo he puesto con cuidado sobre las verduras, le he rociado un poco de aceite de oliva y más queso por encima y lo he metido a gratinar en el horno 20 minutos. Esta noche ya tengo la cena preparada. Calentar y listo.
Siempre que llegan los primeros fríos me empieza a apetecer "soplar" cuchara y a mi santo esposo ya ni cuento. Afortunadamente vivimos en un país que otra cosa no tendrá, pero surtido de verduras...
Simplemente yendo al mercado y paseando por los puestos de verduras y fruta se puede adivinar la época del año en la que estamos. Ahora es una gloriosa exposición de colores cálidos: calabazas, setas, los últimos tomates, las preciosas berenjenas, zanahorias... en fin que es el paraíso de las sopitas de verduras y demás delicatessen que nos proporciona la madre naturaleza (con un poco de ayuda por parte de los invernaderos, claro).
Ayer compré, entre otras verduras, dos pequeñas calabazas de no más de 1 Kg. cada una. Son más tiernas que las grandes y contienen menos hebras y al ser pequeñitas no tienes que partir una grande y usar un trozo nada más. Ya sé que las venden troceadas al peso, pero teniendo sitio, prefiero comprar un par de ellas y abrirlas yo en casa cuando necesito usarlas . Además son tan bonitas... También compré unas alubias frescas preciosas, aquí son bastante habituales y me pareció una buena idea complementar la sopa con ellas. Por supuesto las desgrané antes de agregarlas a la cazuela. Os pongo una foto para que veáis que cosa tan chula: La sopa que preparé es la típica de "voy a ver que tengo en el frigo que pueda echarle", de manera que puse:
2 ajos picados
1 cebolla grande picada 3 zanahorias cortadas a trozos grandes 2 hojas de laurel 3 puerros 1 calabacín troceado 1/2 Kg judías verdes troceadas 1/2 Kg alubias pintas frescas desgranadas 5 tomates muy maduros, pelados y troceados 1/2 repollo cortado a tiras 1 calabaza pequeña pelada, limpia de hebras y troceada 1 manojo de acelgas Caldo de verduras 2 cucharadas de vinagre o salsa de soja Sal, pimienta negra y pimentón (si es posible de La Vera) al gusto
Sofreir ajos y cebollas en aceite y cuando transparenten ir añadiendo el resto de la verdura, dejando para el final las más tiernas, remover bien y dejar sofreir todo 5 minutos a fuego lento.
Verter el caldo y el vinagre sobre el conjunto cubriéndolo todo.
Dejar hervir a fuego muy lento 1 h. aproximadamente. Rectificar el punto de sal y pimienta y añadir el pimentón (yo uso una cucharadita del dulce y otra del picante).
Normalmente la sirvo poniendo en el fondo de los platos unas finas rebanadas de pan negro especial para la sopa mallorquina que venden ya cortado, a continuación vierto la sopa muy caliente sobre el pan y dejo que empape bien unos 5 minutos, así da tiempo a que se enfríe un poco y el personal no se deje el velo del paladar pegado a la cuchara. A mí personalmente me gusta mucho rallarle por encima un poco de queso bien fuerte y ponerle un chorro de aceite de oliva vírgen. Otra opción es usar pan normal cortado en rebanaditas muy finas, tostado al momento y restregado con un ajo.
Esta vez tenía un poco de pasta primavera cocida y sin aderezar sobrante, de manera que en vez de ponerle pan a la sopa le puse la pasta y quedó tan buena. Sale una buena cantidad de sopa. Al día siguiente estará aún mejor y de cualquier manera congela muy bien. Mi hija está encantada de que salga mucha cantidad, empieza la universidad la semana que viene, vivirá en Palma toda la semana y ya os podeis imaginar lo bien que le vendrá llevarse cositas hechas de casa...
Me apetecía una sopita de verduras, así que empecé a poner cosas y ha quedado tan rica. Creo que me acuerdo de todos los ingredientes:
2 ajos 2 puerros 2 cebolletas 3 zanahorias 1 puñado de judías verdes 1 col rizada pequeña o medio repollo 1 frasco de judías blancas 1/2 l caldo de verduras 1 manojo de acelgas 1 cucharadita pimentón dulce 1 cucharadita pimentón picante 1 puñado de perejil fresco picado Aceite de oliva virgen
Picar y sofreir ajos, cebolletas y puerros en 4 cucharadas de aceite de oliva. Cuando empiece a transparentarse la cebolla añadir zanahorias, judías verdes, y la col, todo partido a trozos grandes. Agregar el caldo y dejar que comience a hervir. Ponerle entonces las judías blancas escurridas y cocer durante 20 minutos, hasta que la verdura esté cocida pero sin deshacerse. Comprobar el punto de sal.
Añadir entonces las acelgas y dar un pequeño hervor (5 minutos), después poner el pimentón y remover bien. Retirar del fuego y dejar reposar.
A la hora de servir adornar los platos con un poco de perejil picado y un chorrito de aceite de oliva virgen por encima de la sopa.
También pueden añadirse unas patatas cortadas a trozos 15 minutos antes de terminar la cocción, incrementando la cantidad de carbohidratos en la sopa y consiguiendo un plato más completo nutricionalmente hablando gracias a la fibra contenida en las verduras y las ricas proteínas vegetales de las judías blancas.